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FOTOGRAFÍA

COMO MEDIO DE REFLEXIÓN

 

23 febrero 2022

Pablo Espinosa

El desafío

Como parte del proceso de justicia del macrocaso 04 de la JEP, la comunidad de víctimas de La Grande en el Chocó se encuentra en la etapa de preparación para encarar a los responsables de hechos victimizantes. El proceso requiere que las partes sugieran proyectos de sanción conducentes a reparar el daño causado por los hechos victimizantes. Esta preparación implica dos facetas (entre otras): de una parte, la comunidad de victimas debe saber dimensionar el daño, pues este no sólo se causa con el hecho victimizante, sino también en la estela de eventos posteriores pero ligados a él. Por ejemplo, los daños en las relaciones entre madres e hijos por causa del desplazamiento (en términos de la autoridad en el hogar o de la capacidad de los progenitores de proveer para la familia) pasan con frecuencia como realidades infortunadas, pero desconectadas del hecho inicial en términos de responsabilidad. Incluso, los responsables de los hechos victimizantes nunca se enteran de esta estela, por lo que no pueden contemplarla en sus consideraciones sobre una posible asunción de responsabilidad y pedido de perdón. La segunda faceta de la preparación consiste en forjar algo así como un acercamiento de realidades entre víctimas y responsables para anticipar lo que será el eventual cara a cara que el proceso de justicia restaurativa exige. Esta faceta incluye reflexiones sobre la realidad como la vive la contraparte, y particularmente sobre la forma como las víctimas deciden propiciar el encuentro.

El desafío de la preparación en estos términos radica en que las dos facetas implican un involucramiento de las personas con el proceso de justicia que desborda la deliberación racional. Consiste en provocar la percepción de tal forma que las víctimas puedan elaborar y presenciar la dimensión de su propio daño. En otras palabras, el daño no se deduce, el daño se percibe.

Adicionalmente, prepararse para encarar al responsable tampoco es simplemente una cuestión de ubicar al perpetrador dentro de una lógica del conflicto armado para saber entrar en su lenguaje. Hablar(le), dar(le) la cara es un problema estético tanto como lo es racional. Implica un aparecer ante el otro que desacomode las formas sedimentadas como las víctimas son percibidas. El ejercicio requiere un gran esfuerzo por parte de las víctimas, pues no supone que estas adopten un rol pasivo ante una justicia que opera sobre los responsables y en beneficio de ellas.

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La idea

Como parte de las múltiples intervenciones que adelantamos en La Grande para el proceso de justicia restaurativa, incluimos un espacio de producción fotográfica como doble mecanismo para, de una parte, provocar la reflexión sobre la dimensión del daño sufrido a partir de los hechos victimizantes, y por el otro, como una forma de mostrarse ante los responsables. Se trata de elaboraciones escénicas para registrar en cámara, con el fin de que los participantes exploren formas de plasmar, sentir y expresar el daño. Las fotos harán las veces de postales que las víctimas envían a los responsables adjuntando una leyenda correspondiente a cada foto. Así, en su etapa de planeación, la foto sirve como mecanismo de reflexión sobre el daño, y en su función epistolar, como forma de expresión.

La propuesta no estaba libre de dudas. Crear imágenes de hechos victimizantes, fotografiar lugares donde ocurrieron asesinatos, o recrear situaciones dolorosas para la cámara (como ausencias o el terror perenne) bien podría ser una revictimización de los participantes. Por eso, el principio rector consistió en que el proyecto fotográfico fuera voluntario, y además las fotos serían planeadas y construidas por los participantes mismos. Nuestra intervención debía saber hilar las conversaciones sobre la dimensión del daño con la oportunidad de mostrarse ante los responsables en medio de un proceso de justicia restaurativa. Nada dice que las víctimas deban abrir la conversación, ni siquiera que deban decir algo en absoluto. Nosotros facilitaríamos el medio, pero supone un gran coraje por parte de la comunidad acudir a usarlo. 

El ejercicio de dimensionar el daño es a la vez un ejercicio de memoria. Pero no sólo una memoria consistente en reconstruir hechos pasados, sino también una que lleva a la comunidad a reflexionar sobre la forma como ha lidiado con los hechos, la forma como ha dado cuenta de la injusticia, los relatos que facilitaron la resiliencia, y los imaginarios acerca de la realidad que se asentaron en la comunidad. Los participantes tendrían que decidir los lugares, los objetos y las horas del día propicios para cada foto, revelando identidades de personas y ocultándolas según su parecer, haciendo uso de metáforas o representando hechos fieles a sus percepciones. ¿Cómo se fotografía un sentir? ¿Cómo se fotografía lo que ya no está? ¿Cómo se retrata la experiencia del terror posterior a los hechos? Imaginar y plasmar imágenes como ejercicio de producción fotográfica es una forma de servir este proceso de memoria. Hacer fotos sería una forma de elaborar sobre un duelo ya iniciado de vieja data, a la vez que facilita a los participantes decidir su momento presente ante un proceso de justicia en curso.

El envío de las fotos a manera de postales acude a la intermediación de la JEP con los grupos de responsables directos de los casos de violencia aducidos en las fotos. Con este envío postal, las víctimas abren la comunicación a manera de preámbulo del eventual encuentro presencial con los responsables.

Para la fecha de este escrito, los responsables de los hechos victimizantes no han visto las fotos aún. Pero el efecto no ha de medirse únicamente por el retorno dialógico. Hacer arte conlleva ese doble efecto en el artista de reflexión y aparición que permite a las personas aparecer diferentemente ante un otro dotado con una idea solidificada de ellas. Las fotos no documentales y a la vez postales son un medio inesperado que escapa las formas habituales como las comunidades afectadas por el conflicto armado son percibidas. No solo hay algo como un mensaje en esas fotos, hay un alguien que las imaginó y las produjo, hay unas capacidades insospechadas de articulación y sensibilidad, hay personas a la manera de enigmas aún irresueltos. Las comunidades víctimas también son un otro para los responsables y para el mundo, nunca los mismos que solo sufren.

El ejercicio fotográfico, por tanto, asiste a la comunidad de varias formas, a la vez que deja un registro pictórico del proceso de justicia restaurativa desde la voz que quiere hacer memoria y que encuentra el coraje de hablar incluso desde la devastación de la guerra.

Colombia 2023

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